
Durante toda mi vida he tenido un intenso diálogo interior. Hace poco discerní que tiene dos variantes.
Una que me desgasta, me aburre, no me aporta mucho, y es la que se ocupa de visualizar lo que debo hacer, cómo lo voy a hacer, qué va a pasar luego, y se repite mientras no me decido a actuar, sin que me permita disfrutar el momento presente. Decidí que debo trabajar en quitarle protagonismo y quizá eliminarla. Con frecuencia habla de temores, inseguridades, desastres, fracasos.
Otra faceta de este diálogo me hace sentir viva, que me enriquece, me ilumina, me permite descubrir, evolucionar y hasta divertirme. A esta última nunca le he dedicado esfuerzos, la he dejado ser, aún cuando siempre he creido que podría escribir algo o mucho de esto para mi beneficio y, quién sabe, tal vez el de otros. Este blog me ha impulsado a empezar a consignar muchas de mis divagaciones sin saber a qué conducirán. No es relevante, la verdad. Me encantaría que tus divagaciones se entremezclaran con éstas, seguro saldrá algo mejor.
Melena